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La comida del futuro, carne de insecto cultivada en laboratorio.

Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Sustainable Food Systems apunta que la carne de insectos cultivada en el laboratorio, alimentada con plantas y modificada genéticamente para lograr su máximo crecimiento, nutrición y sabor, podría ser la alternativa más favorable para la producción de proteínas a gran escala.

 

Natalie Rubio, principal autora de la investigación indicó en la nota de presentación del estudio que “en comparación con las células de mamíferos, aves y otros vertebrados, los cultivos de células de insectos requieren menos recursos y menor control ambiental, que consumen mucha energía, ya que tienen menores requerimientos de glucosa y pueden prosperar en un rango más amplio de temperatura, pH, oxígeno y condiciones de osmolaridad”, una solución para reducir la emisión de metano y además resiste mejor a las enfermedades.

 

Según indica Rubio, el cultivo de insectos demanda mucho menos agua y espacio, y su desperdicio es prácticamente inexistente ya que los insectos se comen enteros.

 

También indica que “las alteraciones necesarias para la producción a gran escala también son más fáciles de lograr con las células de insecto, que actualmente se utilizan para la biomanufactura de insecticidas, medicamentos y vacunas”, por lo que el cultivo a gran escala de carne de insecto de laboratorio se convierte en una alternativa más fácil de alcanzar y, a su vez, más económica.

 

“En la mayoría de los sistemas de cultivo de células musculares de mamíferos, las células deben fijarse en una sola capa a una superficie de crecimiento, lo que es complejo para aumentar la producción masiva de alimentos”, explica la investigadora. “Sin embargo, muchas células de insectos pueden crecer libremente flotando en una suspensión de medios de crecimiento para permitir la generación de células de alta densidad y costo-efectivas”.

 

 

 

Para Rubio no cabe duda que la carne del futuro podría ser de embutidos y filetes elaborados a partir de carne de insecto. Pero ¿a qué sabrá esto? No se sabe, pero la intención será lograr que la carne de insecto tenga sabores familiares, como ocurre con las hamburguesas o salchichas veganas, aunque en este caso lo más sencillo será imitar, primero, el sabor de los crustáceos.

 

“Los avances en el cultivo de células de insectos y la ingeniería de tejidos pueden traducirse potencialmente en langosta, cangrejo y gambas, debido a la proximidad evolutiva de los insectos y crustáceos”, explica Rubio.

 

El estudio sigue en marcha por lo que aún no saldrán a la luz estos productos, “a pesar de este inmenso potencial, la carne cultivada de insectos no está lista para el consumo”, concluye la investigadora. “Se están realizando investigaciones para dominar dos procesos clave: controlar el desarrollo de células de insecto en músculo y grasa, y combinarlas en cultivos 3D con una textura similar a la carne. Las esponjas hechas de quitosán, una fibra derivada de hongos que también está presente en el exoesqueleto de invertebrados, son una opción prometedora”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: FRONTIERS

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